Por Andrea Montalvo

La paradoja educativa del siglo XXI

El más reciente informe de la OCDE, “The State of Global Teenage Career Preparation” (2025), nos enfrenta a un hecho contundente:

“El entorno socioeconómico influye más en los planes académicos de los estudiantes que su rendimiento escolar.”

En otras palabras, el origen social sigue definiendo las oportunidades más que el talento.
Incluso los jóvenes con buen desempeño académico tienen menos probabilidades de proyectarse hacia la educación superior si provienen de contextos vulnerables.

A la vez, el estudio muestra que el 39% de los adolescentes del mundo no tiene claridad sobre su futuro laboral, y que quienes carecen de un plan de vida tienen peores resultados en empleabilidad, ingresos y bienestar emocional.
La OCDE lo dice con claridad: tener un propósito importa tanto como tener conocimiento.

 Gráfico 1: Porcentaje de adolescentes sin claridad vocacional (PISA 2022)

Gráfico, Gráfico de barras

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Durante mi paso por SENESCYT…

Tuve la oportunidad de escuchar a miles de jóvenes y familias ecuatorianas expresar un mismo anhelo:
formarse, conseguir una beca, construir un plan de carrera que les permitiera transformar su vida.
Trabajamos incansablemente por abrir oportunidades, ampliar cupos y fortalecer políticas de acceso. Pero con el tiempo comprendí algo fundamental:

El problema principal no era la falta de aspiraciones ni de oportunidades, sino la falta de claridad interior y la falta de información. 

Muchos jóvenes no sabían por dónde empezar a imaginar su futuro, ni cómo conectar lo que son con lo que sueñan. Esa falta de claridad, sumada a la desinformación, hace que muchos tomen decisiones educativas por presión, azar o imitación, y no por convicción.

Y es ahí donde herramientas como Indigo se vuelven transformadoras.
Porque Indigo no solo evalúa, ofrece un manual de vida: una radiografía personal que permite entender cómo somos, qué nos motiva y cómo aprendemos.
Deja atrás la visión limitada de la orientación vocacional —que solo pregunta “¿qué quieres estudiar?”— para abrir la conversación más relevante de todas:

“¿Cómo te ves en el futuro? ¿Qué quieres construir? ¿Qué te hace sentir vivo?”

Cuando un joven se conoce, puede diseñar su plan de vida y de carrera con propósito, y recién entonces decidir qué estudiar.

El orden importa: primero conocerse, luego construir.

El autoconocimiento como política educativa

En un mundo donde los empleos cambian más rápido que los planes de estudio, el autoconocimiento es la nueva alfabetización esencial. Herramientas como Indigo ayudan a comprender tres dimensiones clave:

  • Cómo actúo (DISC).
  • Por qué lo hago (motivaciones).
  • Qué sé hacer bien (habilidades).

Cuando los jóvenes descubren estas tres capas, dejan de estudiar por obligación y comienzan a hacerlo por sentido y dirección. Y cuando una institución incorpora esta visión, deja de preparar alumnos y empieza a formar personas conscientes, autónomas y capaces de tomar decisiones con propósito.

Pero este cambio no ocurre solo en la escuela: empieza en casa. Cuando las familias comprenden que el éxito no se mide únicamente en títulos o profesiones, sino en bienestar, coherencia y realización, el acompañamiento se vuelve más empático y poderoso.

Padres, docentes y jóvenes, juntos, pueden construir un plan de vida que una su identidad con sus aspiraciones.

De la norma a la acción y al propósito

Durante años, la educación ha estado centrada en cumplir la norma: estándares, rankings, políticas. Pero los datos y la experiencia nos exigen ir más allá: pasar de la norma a la acción, y de la acción al propósito.

Eso implica cambiar el enfoque institucional:

  • Que la orientación no sea un trámite anual, sino un proceso continuo desde edades tempranas.
  • Que las instituciones implementen sistemas y políticas integrales de orientación y desarrollo personal, no solo conversaciones aisladas.
  • Un modelo institucional que promueva proyectos y experiencias que acompañen a los jóvenes a descubrir quiénes son, no solo qué deben estudiar.
  • Que este enfoque sea parte del ADN del colegio o universidad: transversal, articulado con el currículo, medible en resultados y sostenible en el tiempo.
  • Y que, las familias participen activamente en ese proceso, comprendiendo que el propósito también se educa en casa.

Una educación con sentido humano

El desafío educativo no es solo preparar para el empleo, sino para la vida.

Una vida donde el conocimiento tenga sentido, donde el aprendizaje conecte con las motivaciones y donde el futuro no sea un salto al vacío, sino un camino elegido con conciencia.

Desde mi experiencia, tanto en el sector público como hoy desde la educación y la innovación con Indigo, estoy convencida de que la orientación con propósito es una forma de justicia social.

Porque cuando un joven se conoce, deja de depender del contexto para definir su destino y empieza a construirlo con autonomía.

Una educación con sentido humano debe ayudar a los estudiantes no solo a escoger una carrera, sino a emprender, desarrollar sus habilidades, fortalecer su pensamiento crítico y descubrir cómo pueden generar valor en su entorno.

Cuando las instituciones acompañan ese proceso con visión y estructura, no solo transforman estudiantes: forman ciudadanos conscientes, creativos y capaces de liderar su propio futuro.

Y cuando eso sucede, la educación deja de ser un sistema que prepara para sobrevivir y se convierte en una fuerza que impulsa a vivir con propósito y aportar al bien común.

Transformar la educación no es solo cambiar métodos o programas, no es solo innovación tecnológica: se trata de ayudar a cada persona a entender quién es y cómo puede aportar al mundo. Ese es el verdadero paso: de la norma, a la acción, y al propósito.

Fuentes:
OECD (2025). The State of Global Teenage Career Preparation. Paris: OECD Publishing.
OECD (2024). Challenging Social Inequality through Career Guidance.
OECD Dashboard on Career Readiness: https://www.oecd.org/en/data/dashboards/career-readiness

Leave a Reply