¿Qué buscan realmente las empresas al contratar jóvenes?
Cuando un joven sale al mercado laboral con diploma en mano, muchas veces piensa que lo más difícil ya está hecho. Pero lo que muchas empresas están descubriendo (y exigiendo) va más allá del conocimiento técnico. En un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA), lo que marca la diferencia son las competencias humanas: adaptabilidad, pensamiento crítico, comunicación, iniciativa, trabajo en equipo, resiliencia.
Datos recientes que refuerzan esta tendencia
- En Ecuador, la Encuesta de Demanda de Habilidades Laborales 2024 reveló que muchas empresas identifican brechas importantes entre lo que se enseña en las universidades y lo que necesitan en sus equipos.
- En el reporte, sectores como servicios y comercio concentran más del 80 % de las empresas, y muchas de esas organizaciones requieren habilidades “transversales” en el personal administrativo y profesional.
- El Foro Económico Mundial proyecta que aproximadamente el 44 % de las habilidades demandadas hoy se transformarán o serán obsoletas en cinco años. Esto obliga a pensar no solo en lo que los jóvenes saben hoy, sino en su capacidad de aprender mañana.

¿Qué competencias piden las empresas?
Según el estudio en Ecuador y otras fuentes globales, las competencias que más valoran incluyen:
- Comunicación efectiva (escrita y verbal). Ser claro, asertivo y empático.
- Resolución de problemas y pensamiento crítico: enfrentar situaciones nuevas, evaluar opciones, tomar decisiones.
- Trabajo en equipo / colaboración multidisciplinaria: integrarse con otros perfiles.
- Flexibilidad y aprendizaje continuo: asumir nuevos retos, cambiar de rol, adaptarse al cambio.
- Autonomía e iniciativa: proponer mejoras, adelantarse al problema.
- Liderazgo emergente: aún si no lideran personas, que sepan influir, motivar o coordinar pequeños grupos.
El gran desafío: reducir la brecha universidad–empresa
Muchos jóvenes ingresan con conocimientos teóricos, pero pocas veces con práctica real. Esa brecha entre el “qué sé” y “qué puedo hacer con lo que sé” es cada vez más evidente.
Ahí es donde la orientación profesional, la mentorización, los programas duales (parte teoría, parte práctica) y la educación experiencial juegan un papel clave.
Cómo construir ese puente (y cómo tú puedes posicionarte ahí)
- Diagnóstico temprano de competencias Antes de entrar a una carrera, usar herramientas de autoconocimiento que midan fortalezas, intereses y estilo de aprendizaje.
- Experiencias reales desde la universidad Proyectos con empresas reales, prácticas profesionales estructuradas, hackatones, laboratorios de innovación.
- Aprendizaje mixto continuo No basta con estudiar sólo en la universidad; debe haber complementos (micros, cursos, talleres, mentorías).
- Soft skills con propósito No entrenar habilidades blandas como algo general, sino contextualizado al rol: ¿qué comunicación necesita un analista? ¿qué resiliencia necesita alguien que hace atención al cliente?
- Evidencia y certificación Que los jóvenes tengan documentos, portfolios o certificaciones que evidencien esas competencias más allá del título.
Las empresas no buscan solo personas que “se sienten con conocimientos”, sino personas que puedan aprender, adaptarse y crecer dentro de la organización. Si acompañamos a los jóvenes a desarrollar eso, no solo les estamos abriendo puertas, sino estableciendo una propuesta de valor real: talento preparado para lo que viene.
